“Si dejas de hacer esto, parte de Lima desaparece”, le ha dicho Gastón Acurio. Por eso, hace dos años inició los trámites para tener un permiso de la Municipalidad de Lima y ser formal. Sin embargo, hasta hoy no recibe buenas noticias.
Gastón Acurio dice que Fidel Estrella es una especie en extinción. Su trabajo es vender melcocha, un dulce crocante hecho de miel de chancaca, leche, canela, maní, pecanas y un toque de limón; un dulce que nuestros abuelos y padres comían a la salida del colegio, a la salida de la iglesia, en el mercado del barrio.
El melcochero fue un comerciante clásico de la Lima antigua que sobrevivió a siglos de bocadillos de consumo al paso, pero algo ha pasado en los últimos años con esta ciudad que hoy se ha ocultado o desaparecido. De pronto el pregón ambulante se volvió silencio. Yo solo conozco a Fidel, dice Gastón Acurio.
Durante la semana, en la cuadra 8 del jirón Paruro, en el Barrio Chino, Fidel Estrella, un hombre flaco de 54 años y bigotes largos, coloca sobre una mesa de madera dos fuentes grandes y rectangulares de melcocha que ha preparado en la mañana. Por eso llega al lugar cerca del mediodía, vistiendo un mandil y un gorro blanco, y acompañado por su esposa, se ubica en la puerta de una quinta. Parece que además de ser su trabajo lo toma como una misión, porque las palabras que le dejó Acurio cuando lo visitó fueron contundentes: “Si dejas de hacer esto, parte de Lima desaparece”.
¿QUÉ ES LA MELCOCHA?
O ya está en camino de desaparecer. Si uno busca la palabra “melcocha” en Internet encontrará sobre todo referencias de Ecuador y Colombia. Su preparación es similar. En Lima, la melcocha se vendía en los estadios, hasta que la gente dejó de ir; se vendía en la entrada del cine —recuerda Acurio— hasta que ver cine se convirtió en un negocio de salas múltiples y combos excluyentes de pop corn y gaseosa.
Su preparación requiere paciencia y manos que ayuden. Durante tres horas, Fidel Estrella y su esposa mezclan los ingredientes hasta lograr la contextura ideal para una masa de 15 kilos que luego deben estirar como goma de mascar, hasta dejarla como unos largos fideos.
La melcocha es una muestra de que en tiempos que todo tiende a ser complejo, algo simple ya no llama la atención. Con el trabajo terminado en su casa de Villa El Salvador, Fidel Estrella debe tomar un ómnibus que lo traslada hasta la Av. Grau. Allí se sube a otro bus que lo deja cerca del jirón Paruro, donde rodeado por chifas y comerciantes de importaciones chinas, espera vender las dos fuentes donde traslada la melcocha.
AZÚCAR AMARGO
Si lo logra, podría ganar 180 soles por cada una, un día cualquiera. Si no, tendrá que guardar el producto para la siguiente jornada. Allí, con un cuchillo corta la masa dulce en pedazos y los coloca sobre un plástico, le agrega maní crocante y todo lo envuelve como si fuera un caramelo. Cada porción cuesta un sol.
Desde muy joven Fidel Estrella se dedicó a vender bocadillos y dulces en la calle. Vendió canchita salada, maní y otras confituras. Tenía un tío que preparaba melcocha y él decidió enseñarle, pensaba que un oficio para su sobrino era lo mejor que podía heredarle. Al inicio vendía caminando por plazas y avenidas, siempre en el Centro de Lima, y hace ocho años que se instaló en el Barrio Chino. Pero desde que participó en la feria gastronómica Mistura, como tantos otros negocios de carretilla elegidos por Gastón Acurio, su suerte mejoró.
En el espacio que le habían reservado en la feria, Fidel Estrella colocó una banderola donde presentaba a su negocio con el nombre Dulce Tradición, también se indicaban los ingredientes de la melcocha, junto a una caricatura suya, que incluía bigotes y gorrita. Como si buscara presentarse ante un público nuevo que al escuchar la palabra “melcocha” solo piensa en el popular cómico de la TV.
TAMBIÉN PARA DELIVERY
En la feria repartió tarjetas personales con su teléfono celular (98922-6329), a fin de ofrecer el servicio de “delivery” para fiestas y reuniones. Si algún día no está en la calle, es porque tiene un pedido urgente que debe entregar. Por años, elaborar y vender melcocha fue el único ingreso para mantener a su familia, su único trabajo, pero hoy además uno nota que Fidel Estrella está orgulloso de lo que hace.
Pero también se siente cansado, hace seis años que su columna le pone frenos para moverse, y por eso se pregunta quién continuará su historia. “Métanse al negocio”, le dijo a sus dos hijos mayores (el tercero aún está en el colegio), pero ellos prefirieron buscar su lugar en un supermercado y en una empresa de vigilancia. Hoy están desempleados.
Fidel Estrella vende en las sombras del pórtico de una quinta no solo porque el sol derrite el dulce, sino porque es un vendedor ambulante, que se siente amenazado por el serenazgo y debe esconder de vez en cuando sus productos. Por eso hace dos años ha iniciado los trámites para tener un permiso de la Municipalidad de Lima y ser formal. Sin embargo, hasta hoy no recibe buenas noticias. Siempre aparece algún detalle que retrasa el tema. “Aquí soy conocido, si me voy a otro lugar quizá nadie me compre”. En la voz de Fidel Estrella el futuro es cada vez menos dulce.
Fuente: El Comercio
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